Despertar

Agosto 18th, 20104:42 pm @ Mensajero

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Despertar

“Vamos, no hay nada allá” me dice la voz mientras yo intentaba ir hacia el otro lado, como es costumbre, a ese lugar cálido pero vacío, reluciente pero falso. El frío viento en mi cara me enfrenta y me trae la satisfacción de saber que donde yo quería ir es un lugar ilusorio y que la realidad por más áspera que pueda ser, tendrá una textura mucho más palpable que la oscuridad uterina a la que deseaba dirigirme en mi comididad cuyo centro de gravedad era cada vez más fuerte, como si la lucha diaria la fortaleciera proveyendo nuevas circunstancias y desafíos. Doy media vuelta y como recibiendo un balde de agua fría, incómoda pero despabiladora, me incorpóro de un tirón, siendo esta la única manera de incorporarme ante la tan impetuosa fuerza de resistencia que puede ser una cama caliente cuando se cuenta con una extrañamente bella dosis de melancolía interior. Me levanto rapidamente sabiendo que los tentáculos invisibles, ya incategorizables se apresurarían a sujetarme mediante la más variada plérora de excusas y razones oscuras. El día me recibe con un cielo tono grisaseo y un ruido blanco de fondo que genera una falta de armonía e incomodidad paradojicamente armónicas. La necesidad de tomar una decisión en cuanto a la elección del desayuno se me hace un esfuerzo molesto ante tal estado emocional, cuando en otra circunstancia podría considerarse lo que es; un lujo excesivo contrastado ante un mundo de aparente miseria. Dicha comparación revela otra característica de mi estado del clima interior; el complejo del “vaso medio vacío”. Siendo un ser tan variadamente optimista y negativista le da a uno la capacidad de ser conciente de que son solo dos caras de una misma moneda, que conviven en una misma realidad, y se sujetan unicamente a la mirada del espectador, aunque paradojicamente el ser conciente de este hecho no le aporta a uno absoluto control sobre con que ojo mirar, ya que esa decisión esta subyugada a algún algoritmo de proceso del subconciente automático y semi-incontrolable.

“No hay nada allá”, eso es claro. ¿Pero que hay acá? El simple hecho de hacerme a mí mismo esa pregunta me parece ilógico e irrisorio, siendo también conciente de la riqueza de la vida, pero al mismo tiempo ese simple hecho despierta curiosidad en mí; denota que hay algo faltante. Esa ausencia, a pesar de que su identidad aún permanezca siendo una incógnita, se vuelve más palpable al recordar algunas noches atras, una vez más buscando en el infinito océano de riqueza caótica de información binaria, la respuesta a una pregunta abstracta, inarticulable y sin identificar. Es injusto que sin significante no haya significado, pues ese principio limita la realidad a todo lo conocido, a lo que lo ya creado pueda formar a partir de herramientas forjadas, y a la vez impide la creación de algo completamente nuevo que las herramientas actuales no permitan construir. Un concepto, “concepción” del Espiritu Santo si se quiere. Una nueva creación no descendiente de los hombres sino de aquello que no esta sujeto al hombre. De aquella fuente etérea, misteriosa, enigmática y sin forma de la que desciende todo mito, leyenda y creencia, toda inspiración divina, toda armonía natural, trascendente por los siglos, por el espacio y por la conciencia. Sé que aquella fuente nos habla a todos, nos dice que vayamos, nos urge a despertar y despabilarnos, del cálido sueño ilusorio, plagado de tentáculos de excusas y falsas realidades. Nos llama y nos dice “Vamos”.